Repensando el trabajo en equipo.

Javier Rocamora

Mucha gente tiene un concepto mecánico, casi diría robótico, del trabajo en equipo. Se buscan “equipos de alto rendimiento” en el que todos actúen como engranajes de una máquina perfectamente engrasada.

En mi opinión, se trata de un error grave. Un equipo está compuesto por personas, y como tales, diferentes, tanto en sus conocimientos como en sus capacidades y motivaciones. Y eso es algo que no puede uniformizarse.

Básicamente, se diseña un perfil de un puesto y después se intenta encajar a la persona en él. ¡Cuánto talento desperdiciado por intentar que alguien se amolde a conceptos preestablecidos y que NO aportan valor, como por ejemplo los horarios de trabajo!

El papel del líder en un equipo.

Liderar un equipo es uno de los trabajos más complejos si se quiere hacer bien. Aquí no sólo cuenta tu competencia profesional, también entran en juego una serie de habilidades personales como la empatía, el reconocimiento de las capacidades de cada uno y, sobre todo, de sus necesidades (distintas en cada momento) para poder cumplir con los objetivos que el equipo tiene marcados.

Un líder no es necesariamente un amigo, pero sí alguien en quien apoyarte cuando lo necesites. Siempre digo que una de las tareas del líder es tomar cafés. Sacar a su gente de la oficina, en grupos o individualmente, según convenga, y charlar fuera del “ambiente profesional”. Conocer a su gente como personas, y que esas personas le conozcan. Es la mejor manera de ayudar al equipo a hacer bien su trabajo.

Si el líder cree que es el que más sabe o el que mejor lo hace y ante cualquier problema su reacción es “deja, ya lo hago yo”,  no es un líder, sino más bien un gilipollas. Y de esos andamos sobrados. El mejor líder es el que no pretende serlo, porque sabe reconocer en qué aspectos los demás son mejores, y al mismo tiempo es lo suficientemente generoso como para compartir lo que sabe con los demás.

Es importante destacar que un equipo no es un grupo de compartimentos estancos, cada uno especializado en lo suyo y sin saber nada del trabajo de los demás. En un equipo la interacción entre sus miembros, el intercambio de puntos de vista, el conocimiento del trabajo del otro y (hasta donde sea posible) la toma colectiva de decisiones, son el cemento que lo mantiene unido.

Siempre negativa, nunca positiva.

El título habría que leerlo con acento holandés: Los menores de 35 no lo pillarán, así que os enlazo un vídeo ilustrativo:

 

 

 Bromas aparte, no es cierto que un líder tenga que estar permanentemente feliz y ser la persona más guay del mundo. Eso dejémoslo para los libros de autoayuda. Pero sí es cierto que hay que buscar el lado positivo de las cosas. Cuando las cosas van mal, tu equipo ya lo sabe, así que intenta que cada uno explique por qué cree que van mal y qué se puede hacer para mejorarlo, tanto individual como colectivamente. Y si se trata de que alguien en concreto lo está haciendo mal, no le señales en público. Lo mismo si alguien sobresale, decir en público “a ver si aprendéis de Fulanito” es crear tensión innecesaria. Puede haber felicitaciones y reprimendas colectivas, siempre buscando aprender (tanto de unas como de otras), pero los temas individuales se tratan cara a cara y en privado.

En España somos tremendamente aficionados a crear estructuras y jerarquías verticales, llenas de mandos intermedios que cuestan mucho dinero y no aportan nada más que “vigilancia” porque (esto lo he oído taaaantas veces) “alguien tiene que responsabilizarse del trabajo”.

Veamos: Quien debe hacerse responsable de su trabajo es quien lo realiza. Pero eso es casi imposible si no cambiamos radicalmente la concepción del trabajador como “una carga” para que pase a ser “un activo” y lo tratamos como tal. Para conseguir algo así, el “ordeno y mando” debe restringirse al mínimo. Hay muchas formas de conseguir que un trabajador asuma responsabilidades, y la primera y más importante es darle poder de decisión sobre lo que está haciendo.

Pero eso no basta. Si tienes poder de decisión, también debes ser participe de los éxitos y de los fracasos de tu propio trabajo. Y no sólo a nivel económico (¿realmente no estarías dispuesto a bajar tu margen si eso aumenta la productividad, y por tanto tus beneficios?), sino también a nivel de ambiente laboral y condiciones de trabajo: mejoras en la ergonomía, flexibilidad de horarios, teletrabajo, espacios de descanso adecuados y agradables o cosas tan simples como café y refrescos gratis.

Esto es lo que están haciendo muchas empresas punteras en el mundo: repensar el concepto de equipo. Prescindir de jerarquías y de muchos mandos intermedios innecesarios si las cosas se hacen bien. Dar flexibilidad a sus equipos, porque el mercado exige esa misma flexibilidad, pero sobre todo porque un equipo al que no se encorseta y en el que se fomenta la creatividad, un equipo en el que las ideas de todos son valiosas y no se desprecia a nadie, es un equipo que hace ganar más dinero a su empresa. Pero ay, esto no es nada sencillo de poner en marcha cuando ya existen dinámicas previas negativas. Aún así, es el camino a seguir, por el que tarde o temprano las empresas tendrán que pasar.

¿Por qué no te animas a ser pionero?

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