Felicidad en el trabajo

felicidad en el trabajo

Anna G. Reig

Cuando escuchamos la frase FELICIDAD en el TRABAJO nos imaginamos esas grandes y novedosas empresas, como Google, Facebook… llenas de gente joven, guapa y talentosa donde todos parecen felices y muy bien pagados. Sin embargo diversas investigaciones, señaladas por el portal de Harvard Business Review, sostienen que incentivar la felicidad en el trabajo no es siempre la mejor idea.
Felicidad según la primera acepción del diccionario de la Real Academia Española significa “estado de grata satisfacción espiritual y física”.
Hay muchas maneras de interpretar la felicidad en el trabajo porque implica valores y prioridades que pueden ser relativas -según cada persona y circunstancias- pero es cierto que normalmente no podemos imaginar la felicidad asociada al trabajo ¿verdad?
Probablemente lo tengamos en entre nuestros sueños (“un trabajo en donde ser feliz”) pero la realidad suele ser otra… ¿Qué podemos hacer para mantener cierta felicidad en el trabajo?

¿Hay “claves” para conseguir felicidad en el trabajo?

Hemos convertido la felicidad en el trabajo en un objetivo en sí mismo. Y no sólo en el trabajo. Todo en nuestro entorno parece empujarnos a esa felicidad de escaparate que es casi obligatorio conseguir. Con esta presión mediática es normal que estemos hartos de oír la misma canción, que pensemos que es otra cortina de humo del poder establecido u otro mainstream con sus cantos de sirena.
No haremos aquí otro decálogo de la felicidad en el trabajo, más bien nos enfocaremos en aquellos mitos que queremos deshacer sobre la felicidad en el trabajo y en nuestra vida cotidiana.
La felicidad no es única responsabilidad de la empresa ni puede imponerse desde la organización como tampoco es única responsabilidad del trabajador ni debe este sentirse mal por no estar feliz en su trabajo.
Efectivamente, las empresas no nacen con la finalidad de generar bienestar para sus empleados ni existe norma alguna que obligue a ello. Y tampoco seleccionamos a un trabajador por su capacidad de ser feliz en nuestra empresa. Salvo Bután, con su Felicidad Nacional Bruta, no existe ningún país que se haya tomado tan a pecho la cuestión de la felicidad de sus gentes.
Tampoco una empresa debe caer en el riesgo de la felicidad despótica, del prohibido estar triste o enfadado. La felicidad no puede imponerse ni desde los gobiernos ni desde las empresas.

La felicidad en el trabajo no es fácil de alcanzar, pero se puede

Como hemos mencionado al inicio, el bienestar de cada individuo, su satisfacción con la vida, dependen de la combinación de muchos factores; desde la propia genética hasta las circunstancias de cada quien. Si bien es cierto que la alegría y el optimismo mejoran nuestro entorno y nuestra calidad de vida, no debemos sentirnos mal por no estar felices todo el tiempo. Entre otras cosas, porque es muy frustrante pretenderlo.
No, la felicidad en el trabajo no es fácil y las investigaciones que se están llevando a cabo sobre este tema nos indican que no es tan ideal estar feliz y positivo en el trabajo continuamente.
Según un estudio de Joseph P. Forgas de la Escuela de Psicología de la Universidad de New South Wales, Australia, las personas que siempre se esfuerzan por estar de buen humor tienen mayores dificultades para darse cuenta cuando alguien está tratando de engañarlos, por lo cual es posible que no tengan un muy bien día laboral si esto sucede.
Tampoco pretendemos convertir el sacrificio y el esfuerzo personal en una forma de engrandecimiento humano. No creemos que sea bueno para nadie. Buscaremos pues una armonía entre la motivación y la actividad que permita una vinculación positiva con el trabajo.
Es un camino complejo en el que deben confluir al menos dos intenciones, la voluntad del individuo y el interés de la organización por facilitar las condiciones para el bienestar general.

La felicidad es productiva, pero la clave no está tanto en la felicidad de las personas sino en su funcionamiento óptimo, en una gestión eficiente de los recursos que integre de forma natural la confianza, el sentido de pertenencia y el reconocimiento para desarrollar el máximo potencial de la organización.

Una empresa en este sentido optimizada sería aquella en la que se cuidaran de manera óptima los siguientes puntos:

Liderazgo, participación, conciliación, sentido del trabajo e innovación.

Se trata, en fin, de una tendencia cada día mayor; el preocuparnos porque la empresa integre todo sus potenciales y transformar el concepto de recursos humanos en algo más personalizado.

 

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